Lucía llegó a Sevilla una mañana de primavera. El aire olía a naranjas y a café recién hecho. Llevaba una maleta pequeña y un cuaderno lleno de palabras nuevas.
En la estación, un señor mayor le preguntó: «¿Necesitas ayuda?» Ella sonrió y respondió despacio: «Sí, gracias. Busco la calle de las Flores.» El señor le explicó el camino con las manos y muchas palabras.
Lucía no entendió todo, pero entendió lo suficiente. Caminó por calles estrechas, bajo balcones llenos de plantas. Por fin vio una puerta azul con el número siete. Era su nueva casa.