Al día siguiente, Lucía fue al mercado del barrio. Había frutas de todos los colores y gente hablando muy rápido.
—Buenos días, ¿cuánto cuestan los tomates? —preguntó. —Dos euros el kilo, guapa —contestó la vendedora. Lucía compró tomates, pan y un poco de queso.
Cuando volvió a casa, escribió tres palabras nuevas en su cuaderno. Cada día aprendía un poco más.