Cuando estudio español en una aplicación, entiendo frases como:
Hola, ¿cómo estás?
Estoy bien, gracias. ¿Y tú?
Pero cuando escucho a dos españoles hablando entre ellos, la situación es diferente.
Puedo escuchar:
—Tío, pues al final ayer no fui porque estaba reventado y dije, mira, paso, me quedo en casa.
Y pienso:
¿Qué idioma es este?
El problema no es solamente el vocabulario.
Las personas hablan rápido.
Juntan las palabras.
Usan expresiones informales.
A veces no pronuncian todas las letras claramente.
Por eso aprender español real necesita tiempo.
Empiezo a aprender algunas expresiones que escucho frecuentemente.
Vale.
Claro.
Pues…
A ver…
Venga.
Qué bien.
Qué pena.
Ya veremos.
Da igual.
No pasa nada.
Ni idea.
¿En serio?
Qué fuerte.
Tengo ganas de…
Por ejemplo:
Tengo ganas de comer.
Tengo ganas de viajar.
Tengo ganas de volver a casa.
Pero:
No tengo ganas de trabajar.
Esta última frase probablemente es muy útil los lunes.