Es lunes. Pablo está en el Mercado Central de Valencia. Tiene diecinueve años. Hoy es su primer día de trabajo.
La luz entra por las grandes ventanas. Hay fruta de muchos colores. Hay pan y pescado fresco. Muchas personas caminan entre los puestos.
Pablo mira su mesa. Quiere todo limpio. Quiere todo en su sitio.
Pone tres pescados sobre la mesa.
—Uno, dos, tres —dice Pablo.
Un pescado tiene la boca abierta.
—Buenos días —dice Pablo al pescado.
Una mujer lo mira desde su puesto de naranjas. Son naranjas de Valencia.
—Buenos días. Soy Rosa.
—Buenos días. Soy Pablo.
Rosa pone una naranja junto a otra.
—¿Hablas con el pescado? —pregunta Rosa.
Pablo mira sus manos.
—Sí. Un poco.
—Muy bien. El pescado escucha mucho.
Pablo pone los tres pescados en una línea.
—Uno, dos, tres. Así está bien.
Una mujer llega con pan.
—Buenos días. Soy Inés.
—Buenos días. Soy Pablo.
—Pan para ti —dice Inés.
—Gracias. Me gusta el pan.
Inés mira los pescados.
—¿Y a ellos?
Rosa ríe. Inés ríe más.
Pablo también sonríe. Su cara está un poco roja.
Junto al puesto hay un gato de color naranja. Mira las manos de Pablo.
—Buenos días —dice Pablo.
—Miau.
—¿Quieres pescado? ¿Un pescado o dos?
El gato mira el pescado más pequeño.
Un hombre llega al puesto.
—Buenos días. ¿Cuánto cuesta este pescado?
Pablo mira al hombre. El gato camina un poco.
Pablo mira al gato. El gato no camina.
—Uno, dos, tres —dice Pablo.
El hombre mira otro pescado. Pablo mira al hombre.
El gato salta.
Ahora tiene un pescado en la boca.
—¡No! ¡Ese pescado no!
El gato baja al suelo.
Pablo sale del puesto. Su delantal está mojado. Camina muy recto, con las manos a los lados.
Inés lo mira.
—¿Vas de paseo con tu cliente?
—Tiene mi pescado —dice Pablo.
—Ve. Yo estoy aquí —dice Inés.
Inés espera junto al hombre.
El gato camina entre dos cajas.
Pablo mira detrás de una caja.
—¿Dónde está el gato?
Mira detrás de otra.
—No está.
Hay una caja roja y una caja blanca. No hay gato.
—¿Dónde está el pescado?
El pescado tampoco está.
Pablo vuelve a su puesto. Mira la mesa.
—Uno, dos. ¿Dónde está el otro?
Rosa levanta una mano.
—Pablo, una pregunta.
Pablo mira las naranjas.
—¿Falta una naranja?
—No. La naranja está aquí. Falta mi paño rojo.
Pablo mira debajo del puesto de Rosa.
—¿Dónde está el paño?
—No está —dice Rosa.
Pablo mira su delantal mojado. Después mira las cajas.
—Un pescado. Un paño rojo.
—Tu cliente quiere muchas cosas —dice Rosa.
Al otro lado del pasillo aparece el gato. Camina despacio. Tiene algo en la boca.
Pablo abre mucho los ojos.
El gato lleva algo rojo. ¡Es el paño de Rosa!