Inés escribe su nombre en la lista. La mano le tiembla un poco.
Faltan tres días para el concurso de mole del barrio. El concurso va a ser en un patio, cerca de casa.
—¿También vas a cocinar? —pregunta la mujer de la mesa.
—Sí… Voy a preparar mole negro.
Decirlo en voz alta le da un poco de miedo.
A su lado, Teresa sonríe. Su tía lleva unos aretes grandes y brillantes.
—¡Dos cocineras en la familia! Aunque el primer premio ya tiene nombre.
La mujer se ríe.
—Todos hablan de tu mole, Teresa.
—¡Y este año voy a ganar otra vez!
Inés guarda su papel. Quiere que alguien hable también de su comida.
En casa, la cocina huele a tortillas calientes. Elena, su abuela, abre un cajón y mueve unas cucharas.
—Ya me he apuntado, abuela.
Elena deja las cucharas.
—Entonces tenemos trabajo.
—Voy a preparar tu receta.
Las dos miran el espacio vacío de la repisa.
Elena siempre guarda allí su cuaderno. Tiene recetas, manchas y dibujos pequeños. Pero lleva dos días perdido.
—Vamos a buscar otra vez —dice Elena.
Inés mira detrás de los platos. Elena revisa una bolsa de tela. Después miran debajo de la mesa.
Nada.
—¿No tienes la receta en otro sitio? —pregunta Inés.
—No. Tengo una cabeza, pero a veces guarda las cosas muy lejos.
Inés sonríe, aunque sigue mirando la repisa.
Sobre la mesa hay chiles secos. Inés toma uno entre los dedos. La piel hace un ruido suave, como papel.
También hay semillas tostadas y una tableta de chocolate.
—Primero los chiles —dice Inés, muy bajito—. Después las semillas…
Con los ingredientes habla sin miedo.
—Chocolate, tú esperas aquí. No vas a entrar todavía.
—¿El chocolate entiende tus órdenes? —pregunta Mateo desde la puerta.
Inés esconde una sonrisa.
Su amigo deja una bolsa sobre la mesa.
—He traído tortillas del puesto. Y mis servicios.
—¿Qué servicios?
—Ayudante y catador oficial. Voy a probar tu mole para el concurso.
—Nadie ha pedido un catador —dice Elena.
—Por eso he venido pronto. Hay que organizar las cosas importantes.
Mateo toma una tortilla caliente. El vapor le toca la nariz.
—Esta está bien. Puedo probar otra.
Elena le acerca un plato vacío.
—Primero ayuda a buscar el cuaderno.
Mateo mira dentro de una olla.
—Aquí no está.
—Tampoco cabe tu cabeza —dice Elena.
Inés se ríe. Por un momento, el concurso parece menos difícil.
Después vuelve a mirar los ingredientes.
—Sin el cuaderno no tengo las cantidades. No puedo hacer tu mole.
Elena le pone un chile en la mano.
—Has cocinado conmigo muchas veces. ¿Qué recuerdas?
—Los chiles sin semillas. El fuego bajo. Y probar.
—Pues vamos a empezar con eso. Una olla pequeña.
Inés toca el chocolate. El chocolate huele dulce. Ella sigue con miedo.
Teresa conoce todas las cantidades. Teresa habla fuerte y todos escuchan. Inés apenas ha podido hablar en la mesa del concurso.
Quizás apuntarse ha sido un error terrible.
—Voy a buscar una vez más —dice.
Se agacha junto a la repisa. Debajo hay una hoja doblada.
Reconoce la letra de Elena. La hoja tiene una mancha oscura. En una esquina hay un hilo corto, azul.
¿Es parte de la receta? ¿Cómo ha llegado hasta allí?
Inés levanta la hoja. Hay una mancha y un hilo azul.