Inés deja los paños sobre la mesa. Tiene las manos calientes.
—No, por favor —le dice a la olla.
Busca una cuchara, pero se detiene. Recuerda las semillas negras. Más chocolate no ayuda contra el sabor quemado.
—Abuela, necesito una olla limpia.
Elena mira el fuego apagado.
—¿Vas a pasar todo a otra olla?
—Solo el mole de arriba. No voy a tocar el fondo.
Con un cucharón, Inés pasa el mole a otra olla. Lo hace despacio. Deja la parte pegada en el fondo.
Después prueba una cucharada. Elena prueba otra.
Inés espera. Casi no respira.
—Está bueno —dice Elena.
—¿De verdad?
—Solo se ha quemado el fondo. Mi lengua todavía funciona.
Inés vuelve a probar. Siente el chile, las semillas y el chocolate. Esta vez sonríe.
Teresa aparece en la puerta.
—¿Qué llevo?
Inés mira las dos ollas.
—Esta. Con cuidado, por favor.
—Tú das las órdenes —responde su tía.
El patio del concurso está lleno de mesas y voces. Sobre las mesas hay flores y platos de arroz. El olor del mole llega hasta la calle.
Mateo espera junto a la mesa de Inés. Coloca las tortillas bajo un paño.
—La tortilla necesita estar caliente —explica muy serio—. Voy a revisar una.
—Ya has comido dos —dice Inés.
—Entonces están bien revisadas.
Teresa deja la olla sobre la mesa de Inés.
—¿Necesitas algo más?
—No, gracias. Ya puedo servir.
Su tía le toca el hombro y vuelve a su mesa.
Una señora se acerca con un plato.
—¿Este mole es tuyo?
Inés abre la boca. Al principio, su voz apenas sale.
—Sí. Es… —Mira la olla—. Es mi versión del mole de mi abuela.
Esta vez la señora la escucha bien.
—¿Y qué has cambiado?
—He puesto menos chocolate. Me gusta sentir un poco más el chile.
Sirve el mole sobre el arroz. Añade una tortilla caliente.
La señora prueba y llama a su esposo.
Pronto hay más personas delante de la mesa. Inés sirve, explica y escucha.
Mateo levanta una cuchara.
—¿Necesitamos otra prueba?
—Necesitamos compartir con el público, Mateo.
—Yo también soy público.
Inés se ríe y le sirve un poco de arroz.
Más tarde, una mujer anuncia los resultados.
—¡El premio principal es para Teresa!
Teresa levanta los brazos. El público aplaude e Inés también.
—¡Y el premio del público es para Inés!
Por un momento, Inés no se mueve.
—Ese nombre es el tuyo —dice Mateo.
Inés camina hasta el frente. Recibe el premio con ambas manos.
Teresa se acerca.
—He aprendido de Elena —dice ante todos—. Estoy orgullosa de ella y de mi sobrina. Inés ha preparado su propio mole.
Inés mira a su tía. Después mira a Elena, que aplaude despacio.
Inés también está orgullosa de su mole.
Al terminar, los cuatro comparten arroz, mole y tortillas calientes.
Inés abre el cuaderno por una página nueva. Escribe sus cantidades y añade: «Cuidar el fuego. Probar siempre».
Elena lee por encima de su hombro.
—Ahora tenemos otra receta.
Teresa aparta su vaso del cuaderno.
—Y esta vez no voy a bañarlo en salsa.
—Puedes compartir mi tortilla, pero no mi página —dice Inés.
Inés cierra el cuaderno. Mateo lo mira.
—¿Y la receta secreta? —pregunta Mateo.
Inés abre el cuaderno.
—Hoy no hay secretos. Hay comida para todos.