Inés pone una taza en la caja. Después, pone otra.
—Una, dos, tres —dice—. Mamá, hay muchas tazas.
—La familia toma mucho té —dice Marta.
En la mesa hay pan. La casa huele a pan.
Inés mira por la ventana. Abajo está el puerto. Hay barcos pequeños y barcos grandes. Las casas tienen muchos colores. Las calles suben y bajan.
Su casa es azul. La puerta es roja.
El abuelo está junto a la ventana. Tiene los pies sobre una silla.
—Abuelo, ¿te duelen las piernas? —pregunta Inés.
—Un poco. Estas calles no son buenas para mis piernas.
Inés mira los zapatos del abuelo.
—Pero tus zapatos son muy buenos.
—Sí. Mis piernas no.
Inés ríe. Marta pone una taza junto al abuelo.
—Aquí tienes, papá. Hay té.
Después, Marta busca su teléfono.
—Aquí hay una foto de una casa.
Inés mira la foto. La casa es pequeña. Tiene una ventana grande y una puerta blanca.
—Está cerca del puerto —dice Marta—. No hay tantas escaleras. Rosa vive al lado.
—¿Nuestra Rosa? —pregunta Inés.
—Nuestra Rosa. Tiene nuestras cajas en su casa.
—Y tiene mucho pan —dice Inés.
Marta sonríe.
—Sí. Vamos a tener pan cerca.
El abuelo no mira el teléfono.
—Yo tengo pan aquí.
—Papá, la ventana es grande. Hay mucha luz.
—Tengo una ventana aquí.
—La casa es pequeña, pero hay espacio para la familia.
Tomás mira su taza.
—Me gusta nuestra casa azul. Me gusta nuestra puerta roja.
Marta deja el teléfono sobre la mesa.
—A mí también, papá. Pero hay muchas escaleras.
El abuelo no dice nada. Inés mira su cara. Ahora no sonríe.
Inés toma papel y lápices de colores.
—Abuelo, ¿vamos a pintar nuestra casa en este papel?
Tomás levanta la cabeza.
—¿Con una puerta roja?
—¡Claro! Una puerta muy roja.
—Entonces, sí.
Inés pone el papel sobre la mesa. El abuelo pone los pies en el suelo. Se levanta despacio.
—Vamos a mirar nuestro cuadro —dice—. La casa está ahí.
—Y la familia —dice Inés.
—Sí. Tú, tu mamá y yo. Junto a la puerta.
Tomás mira la pared. Levanta una mano. Pero el cuadro no está.
La pared está blanca. No hay nada ahí.
—Nuestro cuadro no está —dice Tomás.
Marta mira la pared también.
—Creo que está en una caja, en casa de Rosa.
—¿Mi cuadro está abajo?
—Vamos a buscar el cuadro —dice Marta.
Tomás mira la puerta roja.
—Mi cuadro no está. ¿Y nuestra casa? No quiero perder todo.
Inés toma la mano del abuelo.
—Vamos a buscar juntos. Yo voy contigo.
Marta pone pan en una bolsa. Tomás mira la pared otra vez.
Inés mira la pared blanca.
—Abuelo, ¿dónde está nuestro cuadro?