Paro el balón con el pie. Un niño viene hacia mí. Sus zapatos verdes están muy cerca.
Miro la portería. Puedo correr hacia ella. Pero Vera está a mi lado. Hay más espacio delante de ella.
—¡Vera!
Vera me mira. Le paso el balón. Es nuestro pase de siempre.
El niño corre detrás del balón. Pero Vera ya está cerca de la portería.
Le da fuerte con el pie.
El balón entra.
—¡Gol! —grita Vera.
Abro las manos. Sonrío. Casi no puedo hablar.
—¡Dos a uno! —dice Ana.
—¡Dos a uno! —repite Nico.
Vera viene hacia mí, pero el partido sigue. El otro equipo tiene el balón.
Corremos otra vez. Tengo calor. Mis pies van muy rápido.
El niño de zapatos verdes mira nuestra portería. Le da fuerte al balón.
Nico se mueve. Abre los brazos. ¡El balón está en sus manos!
Nico lo mira muy serio.
—Aquí estás bien. Ahora no vas a entrar.
Me río. Vera también.
Ana mira la hora y levanta una mano.
—¡Ya está! ¡Ganamos! ¡Dos a uno!
Miro a Ana.
—¿Ganamos?
—Sí, Inés. Es la primera vez que ganamos.
Los vecinos sonríen. Hay muchas manos arriba.
Creo que todos van a ir hacia Vera. Ella marca los goles. Yo solo paso el balón.
Pero Vera corre hacia mí. Me da la mano.
—Gracias, Inés. Tu pase es muy bueno.
—Gracias —digo—. Tú miras y escuchas.
Nico viene con el balón. Todos vamos hacia él.
—¡Y Nico para el balón! —dice Vera.
—El balón me escucha —dice Nico.
Nos reímos juntos.
Me gusta ganar. Pero esto me gusta más. Estamos todos juntos.
Cerca del río hay una mesa. Los vecinos ponen comida sobre ella.
Hay tortilla y pan. La tortilla está caliente. Me gusta su olor.
Los niños del otro equipo vienen también. El niño de zapatos verdes se sienta cerca.
—¿Quieres pan? —me pregunta.
—Sí, gracias.
Empieza a llover un poco. Ana abre su gran paraguas rojo sobre la mesa.
El paraguas es una casa pequeña para la comida.
—La tortilla no quiere agua —dice Nico.
—Ni el pan —dice Vera.
Ana sonríe. Nosotros comemos juntos.
Me siento entre Vera y Nico. El río está cerca. En el puente hay paraguas de muchos colores.
Vera me da más tortilla.
—Gracias. Me gusta estar aquí con vosotros.
Hablo sin ayuda. No miro mis zapatos.
—El sábado voy a venir —digo.
—Yo también —dice Vera.
Nico pone una mano sobre el balón.
—Nosotros también. El balón y yo.
Estoy con mi equipo. El sábado vamos a jugar otra vez.