Uno de los lugares donde más practico español es el supermercado.
Es perfecto porque veo las mismas palabras muchas veces.
Leche.
Huevos.
Pan.
Arroz.
Pollo.
Pescado.
Carne.
Fruta.
Verdura.
Agua.
Azúcar.
Sal.
Aceite.
Después de unas semanas, ya no necesito traducir estas palabras en mi cabeza.
Un sábado voy al supermercado porque necesito comprar comida para toda la semana.
Cojo un carrito y empiezo por la sección de fruta.
Quiero comprar plátanos, manzanas, fresas y naranjas.
Una señora está poniendo fruta en una bolsa.
Le pregunto:
—Perdona, ¿sabes dónde están los aguacates?
—Sí, están allí, al lado de los tomates.
—Ah, vale. Muchas gracias.
—De nada.
Después busco pollo.
No lo encuentro.
Veo a un trabajador y pregunto:
—Perdona, ¿dónde puedo encontrar el pollo?
—Al fondo, a la derecha.
Esta frase es importante:
Al fondo, a la derecha.
También puedo escuchar:
A la izquierda.
Todo recto.
Al lado de…
Enfrente de…
Entre…
Después de comprar todo, voy a la caja.
La cajera dice:
—Hola.
—Hola, buenos días.
Empieza a pasar los productos.
Luego pregunta:
—¿Necesitas bolsa?
—Sí, una, por favor.
—¿Tienes tarjeta de cliente?
—No.
—Son cuarenta y tres euros con veinte.
Pago con tarjeta.
La máquina pregunta si quiero una copia.
La cajera me dice:
—¿Quieres el recibo?
—Sí, por favor.
—Aquí tienes.
—Gracias. Hasta luego.
—Hasta luego.