Nico entra conmigo en la oficina. Elena mira unos papeles, pero levanta la cabeza enseguida.
—Nico ha visto algo importante —digo.
Él se queda junto a la puerta.
—Salí de noche. Busqué mi balón en la playa.
Elena deja los papeles.
—Gracias por contar la verdad. Ahora vamos a escucharte.
—¿Estoy en problemas?
—Vamos a hablar de tu salida con tu familia. Pero pedir ayuda está bien.
Nico mira sus sandalias.
—Vi a una persona sacar huevos de un nido.
Elena no abre mucho los ojos, como hago yo. Habla despacio.
—¿Le has visto la cara?
—No. Pero conozco el barco.
Abro mi cuaderno. Esta vez, Nico sigue hablando.
—Es verde. Tiene un asiento amarillo. Solo uno.
—¿Y los otros asientos? —pregunta Elena.
—Son verdes. El amarillo está junto al motor.
Dibujo un barco con un pequeño cuadrado amarillo.
—La persona llevó una caja hasta el barco —añade Nico.
—¿Has visto los huevos dentro? —pregunta Elena.
—No. Solo vi una tela sobre la caja.
Anoto sus palabras. No escribo «huevos en la caja». Eso todavía no lo sabemos.
Elena llama a las autoridades. Cuenta lo del nido y describe el barco.
—Verde, con un asiento amarillo —repite por teléfono.
Nico escucha. Sus manos siguen muy quietas sobre las rodillas.
Cuando Elena termina, señala la pequeña cocina.
—Ahora vamos a comer. Contar la verdad da hambre.
—Todo te da hambre —digo.
—Es una gran ayuda para organizar el día.
Nico sonríe.
En la cocina, el arroz y los frijoles huelen a leche de coco. La lluvia cae suavemente sobre el techo de metal. Elena sirve tres platos.
Dejo mi cuaderno abierto junto al vaso.
Nico mira mi dibujo del barco.
—Eso parece un banano.
—Es un barco muy rápido.
—Es un banano con un asiento.
Me río y le paso el lápiz.
—Entonces necesito ayuda.
Nico dibuja una línea más ancha. Después añade el motor.
—Así. Este motor es grande. Y hace un ruido especial.
Elena deja la cuchara.
—¿Qué ruido?
Nico golpea la mesa tres veces.
—Toc, toc, toc. Muy fuerte. Después arranca.
—¿Siempre hace ese ruido? —pregunto.
—Sí. Lo he escuchado muchas veces cerca de mi casa.
Elena vuelve a llamar a las autoridades. Les cuenta también lo del ruido.
Después de comer, salimos al camino público junto al proyecto. La lluvia ha parado. Desde allí vemos un pequeño muelle entre los árboles.
Hay un barco verde.
Mi mano busca el cuaderno. Nico se acerca a Elena.
—El asiento —dice.
Vemos un asiento amarillo junto al motor.
Tomás está junto al barco. Levanta una mano.
—¡Hola! ¿Un paseo después del almuerzo?
Elena se queda en el camino. Nosotros también.
—Hemos salido a tomar aire —responde.
Veo una caja dentro del barco. Una tela oscura la cubre.
—¿Qué llevas ahí? —pregunta Elena.
Tomás mira la caja.
—Herramientas. Una para el motor y otras para el muelle.
Sonríe, pero ya no nos mira.
—¿Vas a trabajar lejos? —pregunta Elena.
—Tengo varios trabajos. Hoy hay mucho movimiento.
Su respuesta es rápida. Ya no sonríe.
Sube al barco y mueve la caja con el pie.
Elena abre la boca para preguntar algo más. Tomás tira de una cuerda.
Un golpe fuerte sale del motor.
Nico deja de moverse.
Llega otro golpe. Después, uno más.
Son como los golpes de Nico en la mesa.
El motor ha sonado tres veces. Nico me mira.
—Es ese barco.