El ascensor baja despacio. Inés mira al abuelo. Después mira por la ventana.
—¡Abuelo, el mar!
El mar es azul. Hay barcos grandes y barcos pequeños. Las casas tienen muchos colores.
—Desde aquí, las casas son pequeñas —dice Inés.
—Y el mar es grande —dice Tomás.
Inés abre un poco la mano.
—Me gusta mirar el mar.
—A mí también.
—Primero entramos. Después bajamos —dice ella.
—Muy bien. ¿Y ahora?
—La puerta se abre. Salimos juntos.
Abajo, Inés sale de la mano del abuelo.
La casa de Rosa está cerca. Rosa abre la puerta.
—¡Aquí están! ¡Qué bueno! Hay pan para todos.
—Vamos a buscar el cuadro —dice Inés.
—Sí, mi niña. Pero primero, un poco de pan.
Hay pan en la mesa. El té está caliente. Tomás mira las cajas junto a la pared.
—¿El cuadro está aquí?
—Vamos a mirar —dice Rosa—. Pero primero, el té.
Inés come pan. Rosa pone más pan en su plato.
—Gracias, pero vamos a buscar el cuadro.
—Claro, claro. Aquí hay una caja pequeña.
Rosa pone la caja sobre una silla. Dentro hay platos.
—Esta no —dice Tomás.
—Aquí hay otra.
Dentro hay libros.
—Esta tampoco.
Rosa trae una silla más.
—Para ti, Tomás.
—Rosa, tienes muchas sillas.
—Y tú tienes muchas cajas.
Inés mira debajo de la mesa.
—Aquí hay una caja grande.
Tomás se levanta. Rosa pone una mano sobre la caja.
—Un poco más de té, ¿no?
—Primero el cuadro, Rosa. Por favor.
La puerta se abre. Marta entra con una bolsa.
—Traigo pan.
Tomás mira la mesa.
—Pan hay. Mi cuadro no está.
Marta deja la bolsa y se acerca.
—Vamos a buscar juntos.
—Tú quieres todo fuera de nuestra casa —dice Tomás.
Marta lo mira. Habla despacio.
—Quiero una casa sin tantas escaleras, papá.
Tomás no responde.
—Te duelen las piernas. Con menos escaleras, no te duelen tanto.
Inés toca la caja grande.
—¿Vamos a mirar aquí?
Marta abre la caja. Dentro hay cuadros pequeños y grandes.
Uno tiene flores. Otro tiene un barco en el mar.
—Este es pequeño —dice Inés—. Nuestro cuadro es grande.
Marta levanta otro cuadro. Por este lado, solo hay madera. No hay colores.
—Aquí no hay nada —dice Inés.
—Vamos a mirar por el otro lado —dice Marta.
Marta e Inés dan la vuelta al cuadro.
—¡La puerta roja! —dice Inés.
La casa es azul. Hay tres personas junto a la puerta.
—Mi mamá, tú y yo —dice Inés.
Tomás toca la casa con un dedo. Después toca la puerta.
Rosa deja el té sobre la mesa. Nadie bebe.
—Aquí está la casa —dice Inés.
Tomás mira el cuadro. Mira la puerta roja. Después mira a las tres personas.
Tomás mira a Marta.
—El cuadro está aquí. ¿Y nuestra casa?