Pongo el pie delante del balón. El balón se para. Miro a Vera.
—¡Aquí, Inés! —dice Vera.
Le paso el balón. El balón llega a sus pies.
—¡Bien, Inés! ¡Otra vez!
Ana cierra su paraguas rojo.
—Vamos a pasar el balón. Inés, aquí. Vera, allí.
Vera me pasa el balón. Después corre hacia mí.
—Más lejos, Vera —dice Ana—. Hay espacio.
Vera corre hacia el otro lado. Yo miro sus zapatos.
—Ahora, Inés. Mira a Vera. Puedes pasar el balón.
Paso el balón. Vera lo para.
—¡Eso! —dice Ana—. Ahora, Vera.
El balón vuelve hacia mí. Lo paro con el pie. Me gusta este juego. Mirar, parar, pasar.
Vera corre otra vez. Corre mucho. Le paso el balón. El balón va detrás de ella.
—Vera, mira —dice Ana.
Pero Vera mira hacia la portería. El balón pasa junto a sus zapatos.
—¡Ay! ¡Voy muy rápido!
Nico abre los brazos.
—El balón también quiere correr.
Me gusta su sonrisa. Sonrío un poco.
Ana pone el balón entre nosotras.
—Primero, el nombre. Después, el balón.
Miro a Vera. Abro la boca.
—Vera.
Ella me mira.
—¡Aquí, Inés!
Le paso el balón.
—Bien —dice Ana—. Vera te oye y te mira.
Vera mira a Nico.
—¡Nico!
Le pasa el balón. Nico intenta parar el balón. Pero el balón entra en la portería.
Nico lo mira muy serio.
—No, balón. Aquí no. Esta es mi portería.
Me río. Vera también se ríe.
Nico pone una mano sobre el balón.
—Vamos a hablar. Tienes que parar aquí, conmigo.
Ahora me río más. Nico sonríe.
Hay agua en mi cara. Miro hacia arriba. Llueve un poco.
Ana abre su paraguas. Es muy grande. Debajo hay espacio para todos.
—¿Paramos? —pregunta Ana.
Vera mira mis zapatos. Yo miro los suyos. Tenemos los zapatos mojados.
—Mis pies quieren jugar —dice Vera.
—Los míos también —digo.
Ana sonríe.
—Vamos a jugar.
Voy otra vez junto a la línea. Nico me pasa el balón. Vera corre por la pista. Hay espacio delante de ella. Quiero pasar el balón. Pero ella no me mira.
Ana está lejos, junto a Nico.
Respiro. Miro a Vera.
—¡Vera! ¡Aquí!
Mi voz no es fuerte. Pero Vera me oye. Para y me mira.
Le paso el balón. Ella lo para.
—¡Aquí, Inés!
Corro un poco. Vera me pasa el balón. Ahora las dos miramos. Las dos escuchamos. El balón va y viene.
—¡Muy bien! —dice Ana.
Tengo calor, pero mis zapatos están mojados.
Ana nos llama. Vamos todos debajo del paraguas.
—El sábado hay un partido. Aquí, en nuestra pista.
Miro a Vera y a Nico.
—Voy a venir. Me gusta mirar.
Vera sonríe. Nico también. Yo no entiendo.
Ana me mira.
—El sábado vas a jugar, Inés.