Mariela mira sus ocho rocotos. Después pone un tazón limpio junto a Beto.
—Te voy a dar el relleno de cuatro —dice.
Beto mueve la cabeza.
—No. Es tu primer concurso.
—Y tú no tienes relleno.
—Pero has trabajado mucho.
Mariela levanta la cuchara.
—Beto, quiero ayudar. Acerca el tazón, por favor.
Él mira sus papas. Luego acerca el tazón.
—Gracias —dice en voz baja.
Mariela saca el relleno de un rocoto. La carne todavía está caliente. Huele a cebolla y naranja.
Después vacía otros tres. Trabaja despacio, sin dejar caer nada.
Beto mira el tazón lleno.
—Mis papas tienen mucha suerte.
—Entonces, vamos. Tus papas están esperando.
Beto sonríe y empieza a rellenarlas.
Mariela mira su fuente. Los cuatro rocotos vacíos parecen pequeños vasos rojos.
Solo quedan cuatro completos.
Los cuenta con un dedo. Vuelve a contar.
—Cuatro —dice—. Y hay seis jueces.
El ruido de la calle parece más fuerte ahora. Una señora llama a sus hijos. Cerca, alguien vende pan caliente.
Mariela busca a Rosa entre las mesas. Su abuela está ayudando a una vecina con unas servilletas.
—Abuela, me quedan cuatro rocotos. Necesito seis. No van a alcanzar.
Las palabras salen muy deprisa.
Rosa se acerca y mira la fuente.
—¿Qué ha dicho Pilar?
—Que hay seis jueces.
—¿Y qué más?
Mariela abre la boca, pero no habla. Mira los platos pequeños, junto a la mesa de Pilar.
Entonces recuerda.
—Una porción para probar. No hace falta un rocoto entero.
Rosa sonríe.
—Eso he oído yo también.
Mariela levanta la mano.
—¡Pilar! ¿Puedo cortar los rocotos? Tengo cuatro para seis jueces.
Pilar llega con su pequeña campana.
—Claro. Necesitamos seis porciones, no seis rocotos enteros.
Mariela suelta el aire.
—Voy a cortar cada uno por la mitad.
—Así tienes ocho porciones —dice Pilar—. Van a alcanzar.
Ahora Mariela mira la fuente de otra manera. Ya no piensa en los cuatro rocotos vacíos. Con los cuatro completos va a preparar ocho porciones.
Busca un cuchillo y una tabla limpia.
Tiene miedo de cortar mal. Sujeta el primer rocoto con cuidado. Lo corta por la mitad. El relleno queda dentro.
—Dos porciones —dice.
Corta el siguiente.
—Ya tienes cuatro —dice Rosa.
Mariela ríe. Ya puede respirar mejor.
Pronto tiene ocho mitades bonitas. Coloca una en cada uno de los seis platos. Deja dos aparte, en una fuente pequeña.
Limpia los bordes de cada plato.
Beto aparece a su lado. Sus papas ya están listas.
—Ahora voy a ayudar yo.
Lleva tres platos. Mariela lleva los otros tres.
Antes de servir, ella se acerca a Pilar.
—He compartido mi relleno con Beto —explica—. Sus papas llevan parte de mi relleno.
Pilar mira a los dos.
—Sí, pueden compartir ingredientes. Cada plato participa por separado en el concurso.
Beto levanta un poco la cabeza.
—Mis papas dan las gracias otra vez.
Suena la campana. Los seis jueces empiezan a comer.
Mariela espera junto a Rosa. Nadie habla en la mesa de los jueces.
Las porciones parecen pequeñas desde allí. Demasiado pequeñas. Hay mucho espacio blanco alrededor de cada medio rocoto.
—Tengo miedo —dice Mariela—. Los platos parecen muy simples.
Rosa le toca la mano.
Un juez deja de comer. Mira el relleno y llama a Pilar.
—¿Quién ha preparado el relleno del rocoto?
Mariela siente calor en las mejillas.
Pilar señala a Mariela. El juez deja la cuchara.
—¿Tú has preparado este relleno?